foto Sissi (16-06-2009 20:27:43) - fotos de donne

Chistes

Buscador



Bosque argentino

- ¿Que le dice un bosque argentino a otro?
- ¿Y vos qué?

Los mejores chistes en 1000Chistes Ver más chistes

Fotos relacionadas

nenaza100: estefania zapata
joanval: pata negra
joanval: abundancia.
gari: luis loving mami ven conmigo
futbol2014: Marcelo Vieira da Silva Júnior
paja: COLEGIALA
joanval: gravilla.
ismaelcan: Ismael Can
kanepla: Los Karo de Etiopia
-----: los mas borrachos de casma
janvek: janvek kiosco tenago del valle
joanval: granito

Foto de donne, Sissi

Descripción:

Isabel de Wittelsbach (Múnich, 24 de diciembre de 1837 – Ginebra, 10 de septiembre de 1898). Más conocida por el diminutivo Sissi (nacida Elisabetta Amalia Eugenia von Wittelsbach, Duquesa de Baviera), fue emperatriz de Austria (1854-1898) y reina de Hungría (1867-1898). Su padre, el duque Maximiliano de Baviera perteneció a una dinastía de rama secundaria de los duques de Baviera y su madre, Ludovica, era hija del rey Maximiliano I de Baviera.

Nació en Munich, Baviera. Con 16 años Elisabeth acompañó a su madre y a su hermana mayor, Elena de Baviera (Nené) en un viaje a la residencia de verano de Ischl, donde se esperaba que el Emperador de Austria, Francisco José I de Habsburgo-Lorena, de 23 años, se fijase en la mayor de las hermanas, pero en su lugar, se sintió atraído por la menor de ellas, por lo que eligió a Elisabeth. Por lo tanto, el 24 de abril de 1854, se casó con el Emperador de Austria, y por este matrimonio se convirtió en Emperatriz de Austria y desde 1867 en Reina de Hungría.

Elisabeth tenía dificultades para adaptarse a la estricta etiqueta que se practicaba en la corte de Habsburgo, no obstante, le dio al emperador tres hijos en rápida sucesión: la archiduquesa Sofía Federica de Austria, que murió a los dos años de edad, la archiduquesa Gisela de Austria (1856-1932), el esperado sucesor al trono, el archiduque Rodolfo (1858-1889), y la archiduquesa María Valeria de Austria (1868-1924). Se le negó a Elisabeth la crianza de sus hijos, que estuvo a cargo de su suegra, la archiduquesa Sofía de Baviera, y después del nacimiento de Rodolfo el matrimonio comenzó a deteriorarse. Sólo se le permitió criar a su última hija, María Valeria, a la que ella llamaba cariñosamente "mi hija húngara", dado el gran aprecio que le tenía a ese país.

Dotada de gran belleza, se caracterizó por ser una persona rebelde, culta y avanzada para su época: fumaba, hablaba varios idiomas, practicaba la equitación, escribía poesía, cuidaba su figura, le gustaba viajar y detestaba el protocolo de la corte imperial de Viena, de la que permaneció alejada, debido en parte a los continuos enfrentamientos con su suegra, la archiduquesa Sofía, y más tarde por la muerte de su primogénita Sofía, lo que le llevó a una depresión, y el suicidio del príncipe heredero, Rodolfo, y su amante una baronesa de la nobleza húngara de nombre María Vetsera.

También toleró, hasta cierto punto, el romance de su marido, el Emperador, con la actriz Katharina Schratt ya que Sissi detestaba la vida de corte, aversión que se convirtió con el tiempo en auténtica fobia y también la vida conyugal. Esta fobia le provocaba en sus breves estancias en Viena transtornos psicosomáticos como cefaleas, náuseas y depresión nerviosa. La emperatriz se mantuvo siempre que pudo alejada de Viena y de la vida pública. Fue una emperatriz ausente de su Imperio, aunque no por ello menos querida por el pueblo o menos pendiente de los asuntos de Estado. De hecho fue la emperatriz una de las impulsoras de la coronación de Francisco José como rey de Hungría.

Fue una mujer muy culta. Tenía un carácter obsesivo, en especial por su cabello, que era de color rubio obscuro y se lo tiñó de castaño para resaltar sus adornos de flores. Estudió griego, para disfrutar de los clásicos, con tal afán que llegó a dominarlo. Estudiaba durante horas y contrató a un lector llamado Cristomanos que durante años le leyó obras clásicas en esta lengua y con el que sostenía charlas en griego, para practicar. Profundamente identificada con la causa húngara, Sissi aprendió con ahínco el húngaro hasta dominarlo por completo. Dominaba también el inglés y el francés, circunstancia que aprovechó para leer obras en estas lenguas directamente. Amaba la obra de Shakespeare y también la de Hegel.

En 1889, la vida de Elisabeth quedó hecha trizas por la muerte de su único hijo, y por tanto, del único heredero al trono, el príncipe Rodolfo, de 30 años, y su joven amante, la Baronesa María Vetsera fueron hallados muertos, aparentemente por suicidio. El escándalo se conoce con el nombre de Mayerling, por el nombre del refugio de caza del príncipe donde tuvo lugar la tragedia.

Después de la muerte de Rodolfo, la Emperatriz siguió siendo un ícono adondequiera que fuera: un largo vestido negro con botones en la parte superior, una sombrilla blanca hecha de cuero y un abanico marrón que escondía su rostro de miradas curiosas. Sólo unas pocas fotografías se conservan, de fotógrafos con suerte que lograron congelarla en una imagen sin que ella lo advirtiera. La emperatriz, que siempre había estado en extremo preocupada por su belleza y su figura, a partir de la treintena dejó cada vez menos que la retrataran y mucho menos que le hicieran fotos, ocultando su rostro tras sombreros, abanicos y sombrillas, para que nadie la captara en su madurez. Que la Emperatriz Elisabeth visitara a su marido el Emperador en Viena era extraño, pero interesantemente, su correspondencia aumentó de frecuencia durante los últimos años y la relación entre los emperadores se había convertido en platónica y cariñosa.

En su vapor imperial, llamado Miramar, la Emperatriz recorrió el Mar Mediterráneo, siendo uno de sus lugares favoritos Cap Martin, en la Rivera Francesa, donde el turismo se había hecho constante a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Pasaría algunas temporadas de verano en el Lago de Ginebra en Suiza, Ischl en Austria, y en Corfú, donde se construyó un palacio, el "Aquilleón", en honor a Aquiles, uno de sus héroes griegos preferidos. Además, visitó otros países como Portugal, España, Marruecos, Argelia, Malta y Grecia, Turquía y Egipto, ya que los viajes se habían vuelto en algo común en su vida, aunque también en un escape de ella misma.

Es dudoso su papel político, aunque dicen que ejerció influencia sobre el emperador para lograr el compromiso de 1867 por el que se creaba la monarquía dual austrohúngara. Al ser coronada reina de Hungría, el 8 de junio de 1867 en Cfen, recibió como obsequio el palacio Gödölö. Esto, junto con sus continuos viajes a Hungría acrecentó el rumor de una relación sentimental con el Conde Gyula Andrássy. La causa de sus viajes continuos a Hungría era la profunda simpatía e identificación con la cultura y la causa húngaras.

Entre sus destinos en el extranjero cabe destacar Baviera, Grecia e Irlanda. También visitó ciudades españolas como Palma de Mallorca, Alicante y Elche, donde bautizó la palmera de siete brazos. Estuvo también en Madeira recuperándose de una supuesta tuberculosis. Sissi padeció trastornos de tipo nervioso como anorexia, depresión, crisis de ansiedad y fobia a la vida pública.

Con el enfermizo objetivo de mantener su peso en 50 kilos y su cintura de tan sólo 47 centímetros, con una altura de 1,72 metros, la Emperatriz inventó sus propias dietas para adelgazar consistentes en jugo de carne y algo de fruta, y en largas caminatas diarias de más de 10 km que agotaban a todas sus damas de compañía, que tenían que ser relevadas al poco tiempo. Como en aquella época los especialistas de nutrición no existían, nadie podía informarle a Isabel que su estado correspondía con el de una enferma bulmaréxica, mezcla de las dos enfermedades nutricionales más extendidas del Occidente actual (bulimia y anorexia). Sus comportamientos obsesivos no hacían efecto sólo en sus hábitos alimenticios, sino también en las ocupaciones diarias, ya que tenía la necesidad de siempre estar en movimiento, de no sentarse, de caminar por largas horas y de montar otras muchas a caballo. El desencadenante principal de esta obsesión para mantenerse bella y delgada empezó por sus primeros tres embarazos de rápida sucesión. Además, la emperatriz no deseaba mantener relaciones con su marido.

Los alimentos principales de la Emperatriz eran carne de ternera, pollo, venado y perdiz; carne fría, sangre de buey cruda, tartas, helado y leche, prescindiendo de verduras y frutas, a excepción de naranjas. Sin embargo, era muy extraño que demostrara su apetito enfrente a cualquier persona. Los únicos que habían tenido la oportunidad de ver a la Emperatriz sentada ante una mesa fueron sus hermanos, algún otro miembro de la familia de Baviera, su hija menor, a quien consideraba como única hija, y su profesor de equitación, Middleton.

Dicen que cuando Sissi se comprometía con el Emperador, la madre de éste, la Archiduquesa Sofía de Baviera la descubría con horror que tenía dientes amarillos y eso fue el motivo de la primera crítica de la suegra hacia la futura esposa de Francisco José. Con el tiempo la Emperatriz perdió progresivamente los dientes debido a su mal cuidado y falta de aseo. Por esa razón, evitó sonreír a boca abierta frente a la corte y al público en general por esa falta de dientes que la acomplejó durante sus últimos años.

Como parte de la familia Wittelsbacher, la equitación fue una de sus grandes pasiones, que compartía con los Habsburgo, la familia de su esposo, mientras que los Borbones eran aficionados por el arte. La necesidad de aire libre la heredó de su padre el duque Maximiliano, que inculcó a sus nueve hijos el amor por el campo y los animales.

Su afán como amazona no sólo tenía que ver con el arte de montar, que realizaba de lado, sino también a su vestimenta. Una vez sentada en el caballo, ordenaba coser su traje de falda larga para que tuviera una caída perfecta. La Emperatriz encontró la gimnasia como una actividad de todos los días que alargaba su manera compulsiva varias horas, algo que no era común para una dama de su época. En todos los palacios en los que se asentó mandó colocar espalderas, anillas y escaleras. Estas obsesiones hicieron que su vanidad se acrecentara a lo largo de los años y ni siquiera las noches le otorgaban un buen sueño. Por su parte, las actividades corporales en forma compulsiva y su recortada dieta aumentaron su carácter ya de por sí neurasténico, algo que afectó su salud gravemente. Isabel sufrió reuma, neuritis y además por todo el cuerpo, gracias a su ayuno flagelante.

Desde los 44 años sufrió casi todo el tiempo dolores de ciática y en las piernas, acumulación de líquidos. No le ayudaron sus visitas a los balnearios que frecuentaba, aunque el médico Georg Metzger, probablemente ayudado por la psiquiatría, logró cambiar sus manías nutritivas.

Murió a los 61 años el 10 de septiembre de 1898 en Ginebra, asesinada por el anarquista italiano Luigi Lucheni, que en realidad estaba planeando un atentado contra el pretendiente al trono francés Henri de Orléans. Fue asesinada con un punzón que le clavó su asesino fingiendo un tropezón por el que empujó a la emperatriz. Al principio esta no fue consciente de que la habían herido, sólo pensaba que aquel extraño hombre pretendía robarles a ella y a su dama de compañía. Al subir al barco que las estaba esperando comenzó a sentirse mal y a marearse, por lo que su dama de compañía le desabrochó el corsé, siendo entonces conscientes de la fatal herida por la que ya no pudo hacerse nada, costándole la vida. Uno de los más famosos valses de Johann Strauss lleva el nombre de "Sissi Emperatriz" pues fue estrenado en un cumpleaños de la soberana y ha pasado a la posteridad como una gran obra musical decimonónica.

Comentarios:

Comenta esta foto

Todavía no hay ningún comentario

Chistes

Contactar